En este momento me encuentro en una edad en la que muchos dirían que ya soy “viejo”. Si no me conocieras en persona y solo te dijera que estoy llegando a mis 50 y tantos, probablemente te imaginarías a alguien de edad bastante avanzada.
Cuando era joven, si alguien me decía que tenía la edad que tengo ahora, yo pensaba: «Uf, eso sí que es ser viejo».
Sin embargo, estando hoy aquí, viendo dónde me encuentro y sintiendo cómo me siento, la verdad no puedo decir que me sienta viejo.
¿Surgió este sentimiento por el simple deseo de verme y sentirme más joven?
De cierta forma sí, pero ese deseo se transformó en acciones concretas para mantener mi salud y vitalidad. Para mí, todo comenzó al visualizar cómo quería vivir:
Deseaba una vida larga y saludable, y me propuse hacer mi parte para lograrlo.
¿Ha sido un reto? Por supuesto que sí.
A nivel mental, físico y espiritual, constantemente nos enfrentamos a trampas cotidianas:
- En lo mental: Tendemos a ser muy duros con nosotros mismos y a castigarnos cuando no cumplimos con ciertas expectativas, las cuales, por lo general, son expectativas de los demás que intentamos satisfacer.
- En lo físico: Solemos ignorar el equilibrio. Nos excedemos, consumimos de más y caemos en la falsa idea de exigirle al cuerpo más allá de sus límites… o caemos en el otro extremo de no hacer nada en absoluto.
- En lo espiritual: A veces creemos que tenemos el control de todo y, cuando sucede algo inesperado, nos culpamos a nosotros mismos, incluso cuando se trató de un evento que estaba completamente fuera de nuestro control.
En mi experiencia, enfocarme en estos tres aspectos me ha dado un mayor entendimiento de la vida y me ha ayudado a sentirme mucho más joven de lo que realmente soy.
Cómo lo Aplico en Mi Día a Día
1. En lo mental: Definir mi propio camino
En primer lugar, he aprendido a hacer lo que realmente quiero y no lo que los demás esperan de mí. He practicado el decir no cuando quiero decir no, y sí cuando quiero decir sí. Darme el tiempo y el espacio para descubrir y disfrutar lo que verdaderamente me apasiona me ha permitido conocer mejor quién soy.
2. En lo físico: Encontrar el equilibrio
Hago un esfuerzo consciente por cuidar mi cuerpo y mantenerme activo. Incluso cuando no tengo ganas, elijo moverme, aun cuando sería más fácil quedarme en la cama o viendo televisión. De la misma manera, cuando mi cuerpo necesita descansar, le doy su espacio sin sobrepasarme. Se trata de encontrar el punto medio entre hacer demasiado poco y exigirse en exceso.
3. En lo espiritual: Cultivar la quietud
Practico la gratitud, la oración y la meditación; en otras palabras, me tomo unos momentos al día para estar en silencio y escuchar esa voz interior que trae calma y claridad. Esta práctica me ha sostenido en momentos difíciles y me ha permitido disfrutar mucho más de las etapas buenas. Regalarte esos minutos te aporta una paz profunda.
Sembrando una semilla
Estos son, a grandes rasgos, los tres pilares que me ayudan a disfrutar la vida al máximo cada día. Podría profundizar mucho más en cada uno de ellos, pero por ahora mi intención es simplemente sembrar una semilla.
Quiero recordarte que siempre hay esperanza y que es posible disfrutar la vida sin importar la situación por la que estés pasando. Todo pasa. Lo que sea que estés viviendo en este momento, abrázalo, y una vez que termine, déjalo ir.
Al final, la verdadera clave de la felicidad es estar presente.
E. Luna


