¿Cuántas veces te has detenido antes de perseguir un sueño porque te sentías “demasiado defectuoso” para lograrlo?
A menudo visualizamos la cima de nuestras metas —el éxito, la plenitud, la línea de la meta— solo para detenernos en seco ante lo que percibimos como nuestras propias “asperezas”. Vemos estos rasgos como obstáculos, cosas que frenan nuestro avance y nos mantienen pequeños.
Pero,
¿y si esos bordes no fueran impedimentos?
¿Y si fueran, en realidad, las herramientas que necesitas para llegar a lo más alto?
Todo está en el nombre
Las etiquetas que nos ponemos dictan cómo nos movemos por el mundo. Si ves tus rasgos como estorbos, actuarán como tales. Pero si los redefines, se convierten en fortalezas:
- En lugar de “terco”, llámate determinado. Esa negativa a rendirte es lo que te mantendrá en pie cuando otros abandonen.
- En lugar de “sensible”, llámate intuitivo. Tu capacidad de sentir profundamente te permite entender el mundo de formas que otros no pueden.
- En lugar de “impulsivo”, llámate decisivo. Tu inclinación hacia la acción puede ser un superpoder en un mundo paralizado por el exceso de análisis.
Pulir vs. Afilar
Piensa en una pendiente rugosa o en un trozo de metal en bruto. Para que sea útil, no necesariamente lo desechas; trabajas con él.
Puedes trabajar en “pulir” las partes de tu personalidad que causan fricción con los demás, pero también puedes “afilar” esos mismos bordes para convertirlos en herramientas eficaces. La misma energía que puede usarse para destruir tu autoconfianza puede ser redirigida para crear tu futuro.
Usa tu energía sabiamente
No hay mejor sentimiento que el acto de crear. Cuando dejas de juzgarte por tener cierta cualidad y comienzas a preguntarte: “¿Cómo puedo usar esto para llegar a donde voy?”, todo cambia.
Tus asperezas te hacen único. Te dan agarre. Te dan carácter. No te pases la vida intentando lijarte hasta que no quede nada de ti; al contrario, afila esos bordes y úsalos para tallar tu propio camino.
E.Luna


