A menudo buscamos metáforas para describir la experiencia humana, pero pocas son tan acertadas como la del río.
Un río es más que simple agua; es una fuerza masiva en movimiento que transporta el elemento esencial para la vida en este planeta. Pero, como cualquiera que se haya detenido en la orilla sabe, esa agua no siempre se mueve al mismo ritmo.
Las Corrientes Cambiantes
El flujo de un río —al igual que el fluir de nuestros días— está dictado por factores que a menudo están fuera de nuestro control.
- Los Tramos de Calma: Hay momentos en que el agua es lisa como un espejo. Podrías flotar allí durante horas, tranquilo y en paz.
- Los Rápidos Estrechos: A veces, la vida se estrecha. La presión aumenta, el ritmo se acelera y, de repente, te mueves más rápido de lo que esperabas.
- Las Tormentas: Luego están las temporadas de lluvias intensas. El volumen de agua se vuelve abrumador, la corriente se torna peligrosa y sientes como si el río estuviera a punto de desbordarse.
Independientemente de la causa, la realidad es la misma: habrá momentos en que el río estará en calma y otros en los que será un caos. Habrá rocas, curvas cerradas y, ocasionalmente, alguna cascada.
Supervivencia vs. Navegación
La vida nos presenta estas mismas situaciones a diario. A veces estamos “en modo crucero” y otras veces enfrentamos una tormenta que nos sacude y nos hace sentir abrumados.
Cuando chocamos con esos obstáculos, tenemos dos opciones:
- Dejar que el río nos arrastre.
- Tomar la iniciativa y navegar.
A menudo sentimos que fuimos arrojados dentro de estas aguas sin un remo o un mapa. Pero no estamos tan indefensos como creemos. Tenemos herramientas, experiencias y, lo más importante, nos tenemos los unos a los otros. Lo más valiente que puedes hacer cuando la corriente se vuelve demasiado fuerte es pedir ayuda.
Prepararse en la Calma
El error que muchos cometemos es que solo intentamos crecer cuando nos estamos ahogando.
Cuando te encuentres en esos tramos fáciles y pacíficos del río, no te dejes llevar simplemente por la inercia. Aprovecha ese tiempo para reunir tus herramientas. Aprende una nueva habilidad, fortalece tu mentalidad y prepárate para la próxima curva del camino.
Al aprender a “sentirte cómodo estando incómodo”, dejas de ser una víctima de la corriente. Te das cuenta de que las tormentas no son solo amenazas, sino experiencias de aprendizaje.
La Meta: Llegar a un punto en el que no solo vayas a donde el río te lleve, sino a donde tú decidas ir.
Reflexiona y Conecta
- ¿En qué parte del río te encuentras hoy? ¿Estás en un tramo tranquilo o navegando por unos rápidos?
- ¿Qué “herramientas” estás construyendo? ¿Cuál es esa habilidad o hábito en el que trabajas hoy para prepararte para la próxima tormenta?
- ¿Recuerdas alguna vez que pediste ayuda en un tramo difícil? ¿Cómo es que ese apoyo cambió tu camino río abajo?
¡Me encantaría leer tus pensamientos en los comentarios!
— E. Luna


